Según el discurso que estos días enarbolan el consejero del Gobierno del Principado, Ovidio Zapico, y buena parte de la izquierda asturiana, explicar la crisis de la vivienda parece tan sencillo como encontrar un culpable conveniente: los especuladores. Una legión de desaprensivos que, movidos por una supuesta voracidad sin límites, se dedicarían a hacer negocio con una necesidad básica. El relato es tan cómodo como interesado: convertir al propietario en sospechoso, al inversor en enemigo y al mercado en el villano de una historia en la que la izquierda se reserva, naturalmente, el papel de salvadora.
El problema es que entre el eslogan y la realidad hay algo bastante más incómodo: la vivienda no se encarece porque exista una conspiración de especuladores sino porque durante años hemos construido muy por debajo de las necesidades de una población que ha seguido creciendo y concentrándose en las grandes ciudades y áreas con mayor actividad económica.
España pasó de construir a…
Artículo publicado en MiGijón el 11 de Agosto de 2026







