Existen planes y proyectos que , por su aparente irresolubilidad, acaban en el imaginario colectivo como cuentos interminables que solo afectan a la esfera política, pero cuyo grado de afectación directa no se toma en consideración. En Gijón el ejemplo por antonomasia es el Plan de Vías que, durante más de veinte años, lleva sembrando en la mente de todos los gijoneses la esperanza de una ciudad conectada y cohesionada, eliminando las barreras entre los barríos y el gran vacío central que, en vez de ser un punto de encuentro, se ha convertido en un símbolo de espera.
La ampliación del espacio verde en el Solarón hasta rozar los 167.000 metros cuadrados no se planteó como un gesto aislado, sino que unido al desarrollo residencial propuesto (entre 800 y 1200 viviendas) dejan claro un modelo claro en nuestra ciudad: una coexistencia razonable entre las zonas verdes y la imperiosa necesidad de buscar un alivio inmediato a las tensiones en nuestro mercado de vivienda. La pregunta que deberíamos hacernos es, en consecuencia, trivial. ¿Qué explicación le damos a todas aquellas personas que se encuentran en la odisea de encontrar una vivienda? ¿Qué razonamiento vamos a proporcionar a los jóvenes que, en búsqueda de una emancipación ya de por si tardía, ven como su futuro se vuelve más aciago en una región donde no se pueden desarrollar y en la que no pueden vivir con dignidad?
Por si todo lo dicho anteriormente no fuese suficiente, nos encontramos ante la problemática de los plazos. 2028 marca el horizonte límite para completar los trámites clave y poner en marcha las obras, una fecha que, por tanto, no es ni simbólica ni casual, sino una frontera administrativa y legal que tenemos que tener en cuenta. De cumplirse los plazos, la colaboración entre las tres administraciones podría comenzar lo antes posible para proyectar otra entelequia más de nuestra querida ciudad: la estación intermodal. ¿Qué supondría el retraso en todo este proceso? Una completa y absoluta irresponsabilidad con unas claros beneficiados, aquellos que ya paralizaron y entorpecieron todo el plan de Vías presentado por el entonces ministro Iñigo de la Serna en 2017: el gobierno central con Pedro Sánchez a la cabeza y, ahora que Jose Luis Ábalos está a otros menesteres felizmente jubilado, Oscar Puente como ministro de transportes.
Si algo debemos tener claro es que la calidad de Gijón como ciudad del futuro, interconectada y moderna pasa por la implantación definitva de todas las obras pendientes, con la consecución de la estación intermodal y el Metrotrén (proyecto, por cierto, donde ya se han invertido 150 millones de euros). Los pasos hacia atrás y los cálculos de última hora no hacen más que perjudicar a una ciudadanía que ya está cansada de tantos engaños a lo largo de los años.
Artículo de Carlos Álvarez
Publicado en El Comercio el 12 de Febrero de 2026






