Queridos amigos del Partido Popular,
Dirigentes, afiliados, simpatizantes…
Es un verdadero honor para mí abrir esta Convención Local de nuestro partido en Gijón.
Y lo es porque el Partido Popular es la formación en la que llevo militando casi quince años y a la que he dedicado una parte muy importante de mi vida.
Un partido al que me acerqué movido, como estoy seguro muchos de vosotros, por mi profunda inquietud por el futuro de España.
Y elegí el PP porque es, sin duda, el partido que mejores servicios ha prestado a nuestro país durante los últimos cuarenta años de democracia.
Y es también el partido de mis grandes referentes en política.
Entre ellos, el inolvidable Manuel Fraga Iribarne, que entregara más de sesenta años de su vida al servicio de España.
También el presidente José María Aznar, bajo cuya presidencia vivimos la mayor etapa de orden, crecimiento económico, bienestar social e influencia internacional de nuestra historia democrática.
O quien fuera, durante varias legislaturas, presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre: que nos recordó que en política nunca puede darse ninguna batalla por perdida de antemano por temor al qué dirán.
Que la defensa de nuestras ideas —también en el ámbito cultural— es una obligación política y moral.
Precisamente por ello, entenderéis —y estoy convencido de que estaréis de acuerdo conmigo— que inicie esta intervención refiriéndome brevemente a la política nacional.
Porque hoy nuestro país atraviesa una situación francamente difícil que no admite la indiferencia y que exige del compromiso de todos. Y también de los gijoneses.
Pedro Sánchez no llegó a la política para servir a España. Llegó para servirse de ella.
Toda su trayectoria lo demuestra: no hay vocación de servicio público, no hay sentido de Estado, no hay patriotismo.
Solo hay una ambición desmedida por el poder, cueste lo que cueste y caiga quien caiga.
Sánchez no gobierna: Sánchez resiste. Y en esa resistencia ha convertido el Gobierno de España en un lugar donde se rapiña poder, control institucional, influencia y, por supuesto, dinero.
España no tiene hoy un presidente, sino un superviviente político que ha hecho de la Moncloa su trinchera personal.
Para mantenerse, ha pactado con cualquiera, ha cedido en todo y ha renunciado a todos los principios básicos que su propio partido siempre dijo defender.
La nación, la igualdad entre españoles o la dignidad de las instituciones han sido moneda de cambio en su mercadeo permanente por ganar un día más en el cargo.
No es casualidad que Sánchez esté rodeado de lo peor de cada casa. El refrán no falla: dime con quién andas y te diré quién eres.
Oportunistas, personajes impresentables, depravados sexuales, y una corte política que vive del poder y para el poder.
Sánchez no los depura, los protege. No los aparta, los utiliza. Porque se reconoce en ellos. Porque sabe que solo con un entorno así puede sostenerse un proyecto abyecto como el suyo.
Sánchez pasará y estoy seguro de que la historia será muy severa con él y le juzgará como uno de los grandes traidores a la nación española.
La única duda que queda es cómo acabará su aventura hacia ninguna parte:
Si su propio partido tendrá el coraje de apartarlo para intentar salvar lo que quede del PSOE…
O si será la justicia quien, ante la deriva judicial de su entorno familiar, -y quizá la suya propia-, finalmente ponga fin a esta aciaga etapa.
Pero, en definitiva, el reto que Alberto Núñez Feijóo y todos nosotros tenemos por delante no es solo ganar unas elecciones. Es reconstruir España tras años de deterioro institucional, división social y desgaste económico.
Debemos recuperar la cultura del esfuerzo, la responsabilidad individual y el mérito; garantizar que nadie esté por encima de la ley; reforzar la unidad nacional frente a quienes pretenden fragmentarla; y devolver a España el peso y la credibilidad que merece en Europa y en el mundo.
Y tened muy presente esto que os voy a decir: todos los que hoy callan ante desmanes y tropelías serán los primeros en echarse a la calle para intentar derribarnos desde el primer día.
Como digo, la tarea es mayúscula y, desde Gijón, debemos contribuir con determinación y responsabilidad a esta encrucijada me atrevería a decir que histórica.
No puedo tampoco dejar de referirme a la oportunidad única que se nos presenta en Asturias.
El Principado no puede continuar atrapado en el clientelismo político, en el estancamiento productivo, en una presión fiscal que ahoga a familias y empresas, en la marcha forzada de nuestros jóvenes y en un envejecimiento demográfico que amenaza la viabilidad de nuestra tierra.
Es absolutamente indispensable que Álvaro Queipo sea el próximo presidente del Gobierno de Asturias.
Y en esta empresa, Gijón resulta fundamental. Somos prácticamente un tercio del censo electoral de Asturias y aquí se decidirá gran parte del resultado.
Conviene recordar que hace 30 años, la última vez que el Partido Popular ganó en Asturias, fue en nuestra ciudad donde se fraguó aquella victoria: el PP obtuvo un triunfo inapelable, con más de diez puntos de ventaja frente al PSOE.
En definitiva, aterrizo ya en lo que nos ha traído hoy a todos aquí: el Partido Popular de Gijón y su futuro.
El PP de Gijón no nació ayer. Es un partido con raíces profundas en nuestra ciudad, que se acerca ya al medio siglo de historia.
Es el partido que comenzó su andadura en aquellos difíciles y ásperos años 80, cuando defender las siglas de Alianza Popular suponía nadar contracorriente.
Es el partido de Carmina del Barrio, de Beba, de Jesús Roces, de Justo Ojeda, de Pepe Coalla o de José Ramón Enguita.
Y ya lo era entonces de Pedro Muñiz, de Luis Crego o de Manolo y Trini.
Es el partido que, bajo la batuta de Mercedes Fernández, ya en los años 90, creció hasta consolidarse como una alternativa sólida al socialismo.
Contando para ello con colaboradores extraordinarios como José Manuel García Losa, Oliveira, Alicia Fernández Armayor, Begoña López Ferrer, Manuel García Santoveña o Juan Campos-Anso. Cuyo compromiso y dedicación fueron fundamentales para fortalecer el proyecto y ampliar su base social.
Es el partido, sin duda, del presidente Sergio Marqués.
Y también ha sido el partido, —porque no podemos renunciar a ninguna página de nuestro pasado—, bajo cuyas siglas dos ministros extraordinarios como Rodrigo Rato y Francisco Álvarez-Cascos transformaron España y Asturias.
Ya en la primera década de los dos mil, sería Pilar quien rozaría el sueño de la alcaldía de Gijón. Y con ella el trabajo y el entusiasmo de Eduardo Junquera, Pecharromán, Ana Barrientos, Elma Alonso, Pablo Fernández, Paco Cubiella, Mayte o Francisco y Juan Carlos Santos.
El PP de Gijón es también el partido de Fernando Goñi, presidente de la Junta General del Principado.
Y de tantos y tantos otros. Visibles o no tanto. Como Maca, Isabel Casielles, Loli, Charo, Gabi o Marga, por mencionar a algunos.
Y me vais a excusar por todas las omisiones imperdonables en las que, seguro, he incurrido.
Estos últimos años han sido, sin duda, los más difíciles. Con un número más reducido de concejales y recursos limitados.
Pero siempre hemos mantenido la dignidad de nuestras siglas y la coherencia de nuestros principios. Y en ello Ángeles, Mariano y Pablo han tenido muchísimo que ver.
Demostrando que la fortaleza de este partido no se mide solo por su representación, sino por la constancia, la entrega y la capacidad de mantener viva la voz de quienes siguieron confiando en nosotros.
El PP de Gijón no es sólo historia.
Es también un partido serio, responsable y riguroso, que no recurre al populismo, trata a los ciudadanos como adultos y, a diferencia de otros partidos, cumple sus programas electorales.
Es un partido que sabe gestionar.
-Ahí tenemos a Ángela, que ha logrado los mejores datos de empleo de la serie histórica de la ciudad.
-A Rodrigo, que tomó una empresa en causa de disolución como EMULSA y, tres años después, ofrece beneficios récord.
-A Jorge, que ha impulsado el mejor concurso hípico de la historia, además de eventos de primer nivel en pádel y hockey.
-A Guzmán, siempre pendiente de las familias, las personas mayores y los gijoneses que más lo necesitan.
-O a Abel, que puede presumir de que los centros municipales integrados de la ciudad están mejor valorados que nunca.
Y el PP de Gijón es también, sin duda, un partido de principios y convicciones.
Viva muestra de ello han sido estas últimas semanas:
-Defendiendo sin complejos la igualdad y la dignidad de la mujer frente al uso del burka.
-Denunciando el empeño de la izquierda en seguir utilizando como arma arrojadiza, para dividir a la sociedad, a las víctimas de la Guerra Civil. En este caso con la polémica absolutamente artificial creada en torno a la retirada del monumento Héroes del Simancas.
-O exigiendo respeto hacia las creencias de muchos gijoneses tras la polémica generada por la Sardina de Carnaval.
Voy terminando ya.
El PP de Gijón es, en definitiva, un partido con historia, serio y de fiar; un partido que sabe gestionar y que se guía por principios firmes.
Y estas son las máximas que deben guiarnos hacia nuestro próximo gran reto: las elecciones municipales de 2027.
Debemos afrontarlas desde la unidad, con lealtad entre todos y trabajando codo con codo. Álvaro, Andrés, yo mismo, Cristina, nuestros cargos públicos y todos los afiliados, desde Nuevas Generaciones hasta el Área del Mayor, unidos para lograr que Ángela sea la próxima alcaldesa de Gijón.
El PP tiene que volver a ser en Gijón un partido de mayorías.
Tenemos que creérnoslo. No debemos parecernos a nadie: tenemos que ser nosotros mismos. Actuar con ilusión, con ganas y con estrategia. Haciéndonos respetar. Sin cambalaches.
Y con el respaldo del mejor programa electoral.
Un programa cuyas líneas maestras estableceremos, seguro, a lo largo de hoy y de mañana en esta Convención.
Que estoy convencido de que resultará de sumo provecho para todos, y en la que participará lo mejor de nuestro partido, —todo nuestro talento—, y también representantes de la sociedad civil.
Porque el PP aspira a ser el fiel reflejo de los gijoneses en el Ayuntamiento de Gijón, a escuchar sus preocupaciones, atender sus necesidades y trabajar con responsabilidad, cercanía y ambición por el futuro de nuestra ciudad.
Porque este proyecto no es solo un compromiso político, es un compromiso personal de todos y cada uno de nosotros con Gijón: con su presente y, sobre todo, con su futuro.
Muchas gracias.
Discurso de Apertura de la Convención Local de David Cuesta
27 de Febrero de 2026







