La paralización de las obras de ampliación del Hospital de Cabueñes no es un problema técnico ni un retraso puntual: es un daño directo y sostenido a los usuarios de la sanidad pública. Cada día que esta obra sigue parada se traduce en pacientes atendidos en espacios saturados, en circuitos asistenciales mal diseñados y en oportunidades perdidas para mejorar diagnósticos, tratamientos y tiempos de respuesta. La consecuencia es clara: peor atención sanitaria para miles de ciudadanos.
Esta situación no solo genera incomodidad; genera riesgo. Un hospital que no crece cuando la demanda lo exige ve comprometida su capacidad asistencial. Las listas de espera se enquistan, los servicios trabajan al límite y los pacientes pagan con tiempo, incertidumbre y deterioro de su calidad de vida la incapacidad del Gobierno para cumplir con su obligación.
A este perjuicio se suma el castigo constante a los profesionales sanitarios. Médicos, enfermeras y personal del hospital se ven obligados a trabajar en condiciones impropias de un sistema sanitario moderno, soportando sobrecarga, falta de espacios adecuados y una presión que no deja de aumentar. Se les exige excelencia mientras la Consejería les niega las herramientas básicas para ejercer su labor con dignidad y seguridad.
Nada de esto es inevitable. Es el resultado de una gestión fallida, de una consejera de Salud incapaz de anticipar problemas, de supervisar contratos y de ofrecer soluciones cuando surgen dificultades. Escudarse en la empresa adjudicataria es una huida hacia adelante. La responsabilidad es política y no se diluye con excusas.
Cabueñes se ha convertido en el símbolo de una forma de gobernar que normaliza el retraso, acepta la parálisis y desprecia sus consecuencias. Pero esas consecuencias no son abstractas: tienen rostro, nombre y apellido. Son pacientes que esperan y profesionales que se desgastan.
Desde el Partido Popular exigimos la reactivación inmediata de las obras, plazos concretos y responsabilidades claras. Porque cuando un hospital se paraliza, no se detiene solo una obra: se deteriora un servicio esencial y se rompe la confianza de los ciudadanos en su sanidad pública.
Artículo de Pilar Fernández Pardo
Publicado en El Comercio el 9 de Enero de 2026







